De este hecho deduzco que el curso debió dejar mella en mi, porque aún no entiendo cómo hice la cosa de coger un autobús solo para estar tres cuartos de hora dibujando arquitectura, en vez de aprovechar un rato más en la cama.
Gracias a Clara, a los ponentes y a los maestros porque se ha producido un milagro...
La pena es que el dibujo no refleja ni de refilón la maravilla mudéjar que tenía en frente de mi.
Ahora ya solo me falta aprender a enderezar torres y farolas.
Eso ya será el año que viene...